viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz Año 2011















Al final no tuve tiempo de quedar con los amigos en Zamora durante los días cercanos a Nochebuena y Navidad por motivos que, seguramente conoceréis por sufrirlos vosotros también; me refiero a las visitas familiares y compromisos de ese tipo. No sé si el resto de La Octava, pudo verse o se verá en estos días, pero desde aquí os envío un saludo a todos, esperando que pronto volvamos a quedar para reírnos un rato.
Mientras, y para no dejar el blog tan solitario dejo estas imágenes de Bilbao en el último día del año. Como veréis, una jornada soleada y casi primaveral.
Desde estas tierras os envío unos deseos de Próspero Año 2011.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Id poniendo el nombre (1980)





Esta anécdota se remonta a 1980 y me ha venido a la cabeza por algo que me ha ocurrido hace poco en mi trabajo y me lo ha recordado, por lo que no he podido reprimirme a plasmarlo en este foro para que los que lo vivieron, lo rememoren.

Ocurrió en la clase de 1º B de F.P.I y los términos exactos no puedo relatarlos con absoluta certeza, por lo que dejo alguna licencia para mi imaginación, con el único motivo de recrear un ambiente parecido al de aquel tiempo.

Transcurría el mes de diciembre y aún nos estábamos amoldando a nuestra nueva situación académica, con los consiguientes cambios de colegios a la Laboral, el conocimiento de nuevos compañeros, nuevos educadores (figura desconocida para la mayor parte de nosotros), nuevos horarios (yo nunca había tenido "hora de estudio" a ninguna hora, ya que cuando llegaba del colegio, mis padres me preguntaban si tenía deberes y si respondía afirmativamente, me invitaban a hacerlos, pero jamás se preocuparon por ver si los hacía o no, pero cuando los terminaba o decía que ya los tenía terminados, me iba tan tranquilo a las calles del pueblo para jugar con los amigos, despreocupado de cosas tan rigurosas como "la hora de estudio" y con un bocadillo de chorizo en la mano, dándole patadas a un balón de plástico duro), nuevos profesores (tan peculiares en muchos casos), habitaciones, comidas y hábitos.

Precisamente, la historia que voy a comentar, hace referencia a la forma de hacer de un profesor, que no me acuerdo de sus apellidos, pero sí de su nombre: Roberto y de su apodo, heredado de cursos con más solera: Robruto. Este apodo, supongo que le hacía bastante justicia, no solo por su corpulencia y rancia humanidad, si no por su proceder rudo y maneras desgarbadas. Algunos lo llamaban "Rebruto", pero estaban equivocados porque hace poco le pregunté a mi hermano, que estudió 3 cursos por delante de nosotros y me ratificó que su apodo era "Robruto".
A la clase de 1º B, este profesor nos daba tecnología de las máquinas-herramientas, enfundado en un traje chaqueta raído y lleno de lamparones propiciados por sus continuas visitas al "centro"; unas veces de vino, otras de grasa de alguna de las pringosas tapas que iban a parar a su oronda barriga, donde solía rescolgar una corbata de las mismas características que el traje. Usaba gafas, que colocaba continuamente en su sitio, en el entrecejo con gesto más bien perezoso y exhalaba humo del cigarrillo profusamente, produciendo volutas caprichosas mientras articulaba las palabras de alguna explicación sobre la resistencia de los metales o las herramientas para limar, etc.
Allá por el mes de diciembre de 1980, comenzamos los exámenes de la primera evaluación en cada una de las asignaturas y una mañana de ese mes, nos tocó hacer el de tecnología. El ritual era: Llegaba el profesor al aula y le mandaba al delegado de la clase a buscar los folios a la caseta del conserje para después repartirlos a todos. Estoy intentando hacer memoria de quién era el delegado de curso de 1º B, pero no logro acordarme, creo que era José Ignacio Palacios del Valle, pero tengo muchas dudas (Chin: ¿Te acuerdas tú?).
Bueno, pues el "Robruto" mandó a Palacios a buscar los folios, mientras los demás esperábamos impacientes y nerviosos a que llegara, sentados en los pupitres, en silencio, mirando al profesor moverse por la palestra con sus característicos gestos felinos. De repente, se dirige a nosotros y nos dice: "Bueno, mientras llega el delegado, id poniendo el nombre".

En los primeros segundos no nos dimos cuenta de la metedura de pata, pero cuando los más espabilados, se empezaron a reír, la clase explotó en una carcajada unánime y al "Robruto", que no era muy dado a las bromas, no le quedó más remedio que sonreír avergonzadamente por su despiste histórico.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Felicitación navideña

No me he podido sustraer a la tradición que inunda en estos días a todo el mundo, con felicitaciones de Navidad y los mejores deseos para el nuevo año y he encontrado un motivo bastante original para expresar a todo el que se pase por el blog, mis deseos de que os lo paséis muy bien en estos días de fiesta y que el año próximo sea muy próspero. Un abrazo a todos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Navidad en Zamora 2010

Esos días he estado muy ocupado y no he podido dedicar ni un minuto al blog, pero aquí estoy de nuevo. No creáis que os vais a librar de mí tan fácilmente. Pienso seguir escribiendo cosas que se me ocurran, tanto de épocas pasadas como de las actuales.

Estas fiestas navideñas de 2010, están a punto de empezar y en ellas, intentaré ir a Zamora si no ocurre nada anormal. Lo que no sé es los días que voy a estar por ahí, aunque me imagino que serán 24,25,26 y 27. No voy a hacer planes como la vez anterior porque las obligaciones familiares van a ser prioritarias, pero si os apetece vernos, podemos quedar un ratillo por donde digáis e intentaré acudir. Los comentarios de esta entrada, hasta que llegue el día, podrían servir para que la gente vaya quedando y la dejo como vehículo de comunicación para todos. Un saludo.

Camino de Andalucía (1985)




No sé si os he dicho que al escribir cada anécdota o recuerdo en el blog, me vienen a la cabeza un montón de vivencias que casi tenía olvidadas. Espero que con el relato de algunas de ellas, se haya despertado en las vuestras el germen del recuerdo perdido y que os haya servido para revivir épocas pasadas. Creo que las fotografías también han sido un vehículo para rememorar situaciones de aquellos años y que solo figuraban en la nebulosa confusa de tiempos lejanos.
En la excursión más famosa de nuestra existencia, ocurrieron cientos de historias, que cada uno de nosotros tendrá muy guardada en su memoria. Con el relato de algunas de ellas, se han desempolvado unas cuantas de las que viví en aquel junio de 1985 y que sé que no se volverán a repetir.

No voy a relatar todos los preparativos del día del viaje, entre otras cosas, porque no me acuerdo de ellos, solo que la Universidad nos obsequió con unas cuantas viandas en forma de chorizos Revilla, manzanas, naranjas, pan y alguna cosa más que metimos en la bodega del autobús de Pérez Ratón, junto a todas nuestras pertenencias, incluida la famosa maleta de Manuel Ángel, que aún no sabía el destino tan accidentado que le iba a tocar vivir en una curva de la carretera de Madrid-Andalucía A-4, en el camino de regreso.
Nos subimos al autobús, ya entrado el atardecer y emprendimos el viaje desde la lonja de la Laboral con el ánimo henchido y las hormonas juveniles ávidas de playa, mar y alcohol. Cuando pasamos la sierra de Béjar ya era noche cerrada y a medida que íbamos adentrándonos en la provincia de Cáceres, muchos de los compañeros comenzaban a sucumbir en los brazos de Morfeo, mecidos por las curvas de la serpenteante carretera y los traqueteos de algún que otro bache. Hubo, al menos tres de nosotros que no pudimos pegar ojo en toda la noche y acompañamos a Candi en su conducción experta y ágil, entreteniendo su mente para que no se durmiera. Sé que uno de ellos era Mariano, que se sentó a mi lado en uno de los asientos delanteros y que ejerció de guía cuando pasamos cerca de su casa en Candelario y la comarca salmantina de Béjar. Otro fue Ricardo que fue el que más conversación le dio al conductor porque sus preguntas eran de tipo profesional...toda la noche hablando de camiones, de motores, de caballos de potencia, de número de ejes, de carreteras, etc. Y el otro era yo, que no es que no me quisiera dormir, es que nunca he sido capaz de hacerlo cuando estoy en un vehículo que va sobre una carretera. Cuando estudié en Salamanca, que durante el primer año, iba y venía todos los días, veía a todos los demás estudiantes de diferentes cursos con las cabezas desencajadas, cayéndoseles las babas, descoyuntados, incluso, roncando en sólo una hora de recorrido y yo nunca fui capaz de quitar el ojo de la carretera...quizás por eso hoy, mi profesión sea la que es actualmente...
Así fueron pasando los kilómetros de la Ruta de la Plata y de madrugada, ya habíamos pasado la mayor parte del recorrido. No recuerdo muy bien donde hicimos un descanso, me suena un lugar llamado Monesterio o cerca de allí, eran poco más de las 8 de la mañana y ya hacía calor. Bajamos del autobús y salimos a corretear por un campo al lado de la carretera, donde se tomaron estas fotografías tan subrealistas. Recuerdo también haber hablado con un tipo un poco raro que hacía la ruta hacia tierras andaluzas subido en una bicicleta llena de cachivaches y que nos intentaba convencer de que su vida estaba llena de aventuras al estilo del ingenioso hidalgo Don Quijote, que yo creo que era su viva reencarnación.
Cuando nuestro entrañable conductor se recuperó del cansancio, reeprendimos el camino sin pausas hasta Sevilla y su Universidad, pasando por la S-30 y el calor asfixiante de la humedad del Guadalquivir. Fue una decepción muy grande porque todos esperábamos un edificio tan elegante y cómodo como el nuestro, pero nos encontramos con un complejo mal cuidado y cochambroso, con habitaciones muy pequeñas y descuidadas (Si las ve el Pepe, le da un infarto) y por si fuera poco, los sevillanos vieron la matrícula del autobús: ZA y dijeron: "Mira, han venio' de Saragosa a visitarno". Aún no sabían lo que eran capaces de hacer un autobús lleno de topos de La Octava.

Voy a dejar unos comentarios sobre las fotos, que me gustaría, fueran completados por vosotros, pero, como salgo en las tres que hay, recuerdo cómo fueron hechas. En la primera estamos el mi Paco y yo con el pecho hinchado, los puños apretados y cara de enfadados, en un murete de una vaguada, al lado de la carretera, poco antes de hablar con el ciclista vagabundo. En la segunda, donde aparecemos: Julio Indioz al fondo, como en el cuadro de las Meninas, Carro, Chin y yo, subidos en la roca, en la que estoy a punto de dar uno de mis saltos hipo-huracandos para que quedara para la posteridad, pero que el fotógrafo no logró captar, ya que hizo la foto antes del momento crucial. Lo que si recuerdo fue el aterrizaje que fue más expectacular que el salto porque a punto estuve de partirme la crisma. En la tercera foto, Mateos no sé si está cantando por bulerías, Paco se asoma a un plano de la instantánea, yo, permanezco inmóvil a las órdenes de Chin, que no sé que es lo que pretendía desde el pedestal, pero creo que era para hacer una especie de montaje en el que aparentara estar subido en mis hombros. Todo esto es observado en un primer plano por el pecho de Carro, mostrándonos su atlética tableta de chocolate, con su eterna fruta de la mano.

lunes, 13 de diciembre de 2010

El pelotómetro

El día que quedamos en Zamora unos cuantos topos para tomar algo, estuvimos recordando viejas historias de las de entonces y entre ellas, salió a relucir la que hace referencia al título de la entrada y que Chin me pide que haga un relato de su génesis y evolución. Cuando hablamos sobre ella en el Cambalache, pensé que nos iba a dar algo de la risa que nos provocó su recuerdo y mención.

Corría mitad de curso de 3º de F.P.II y el instinto de conservación de algunos de nosotros, el miedo a perder, el ansia viva, el carácter picaresco intrínseco a la promoción, la pérdida de los valores de la integridad, el sálvese quién pueda, el afán de protagonismo, el quedar bien, la gestión de los recursos más egoístas, lamer el culo, tirar de la levita, dar jabón...en resumidas cuentas: HACER LA PELOTA, se convirtió en una práctica más habitual de lo que nos hubiera gustado, pero ni mucho menos, algo que llegara a ser preocupante más allá de los compañeros que solían tener esas tendencias, pero nuestro querido amigo de los pelos largos, empezó a preocuparse por el uso abusivo de estos hábitos, que comenzaban a proponerse como costumbres cada vez más arraigadas y él, con buen criterio, se erigió como adaliz defensor de un comportamiento más acorde con nuestra identidad noble y ejemplarizante de integridad proletaria.
Se ponía de los nervios y se rebullía encolerizado en su pupitre cada vez que alguien hacía una pregunta nimia a un profesor o se mostraba servil y adulador.
Para intentar mitigar estas situaciones, se sirvió de un invento revolucionario y persuasivo: EL PELOTÓMETRO. Éste, consistía en una lista de todos los compañeros, colocaditos por orden alfabético y cada vez que alguno se atrevía a cometer un acto de adulación, alabo, lisonja, elogio, embeleco, camelo hacia un docente, Chin sacaba raudo dicha lista y le apuntaba el bagaje de puntos que consideraba oportuno, dependiendo de la gravedad del acto lagotero-pelotillero del sujeto. Para ello, contaba con la inestimable colaboración del compañero Chuchy, que se tomó el asunto con la misma intensidad y vigor, consiguiendo entre los dos, crear un clima de miedo, incluso a preguntar al profesor de turno por cuestiones de importancia, cómo por ejemplo; qué había escrito en la pizarra en la explicación de un problema de matemáticas o tecnología o lo que fuera y no se veía bien el número, la letra o el dibujo. Seguramente, alguna vez, nos fuimos todos de clase con la duda de saber qué ponía el profesor por no preguntar y arriesgarse a que Chin te endosara dos o tres puntos en el pelotómetro y te dijera con acritud: PELOTA.

Si en alguna de estas, se le pasaba un devaneo con los maestros, Chuchy estaba al quite e inmediatamente, corría a Chin y le decía: "Apúntale 3 puntos al pelota ese, que le ha preguntao' al Látigo que si hay que estudiar los límites o solo las derivadas".

Al final de la semana, hacía balance de puntuación del pelotómetro y declaraba PELOTA DE LA SEMANA al que más puntos tuviera. Lo más chocante es que él mismo, alguna que otra vez se tuvo que apuntar algún punto que otro, eso sí, siendo acusado por su esbirro en esas lides: "Cagüen en dios, Chin, tú también eres un pelota. Apúntate 1 punto por pelota y otro por intentar escabullirte".

Chin, sería un tesoro que todavía conservaras el famoso PELOTÓMETRO y ahora nos reiríamos un buen rato y mucho más, si con cada anotación o punto de cada compañero, hubiera una explicación del porqué.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Perdido


Con la última entrada que hace mención al último acto que hizo La Octava en la 1ª reunión del año 2007, he acabado una etapa que me había propuesto realizar en este blog. Algunos compañeros y asiduos seguidores de mis publicaciones, me han comentado que más compañeros leen las entradas y los comentarios que aquí se hacen y yo quiero pensar que así es, porque eso me sigue estimulando a seguir escribiendo, intentando que este sea un lugar de encuentro de La Octava, en el que la gente se animara a hablar de algo.
Estoy un poco perdido y aunque alguna idea pueda tener, me gustaría que me ayudarais con iniciativas. Aún sigo esperando a que me mandéis fotos o lo que sea, como un jamón de guijuelo o una caja de un buen vino.