jueves, 9 de septiembre de 2010

Fotografía borrosa de 3º F.P.II


No sé de quien es esta foto.
Tiene bastante mala calidad y no se aprecia nada bien quien es quien.
Os propongo un ejercicio de observación y a ver si entre todos logramos ponerle nombre a las caras borrosas, aunque es una tarea difícil por lo que he podido ver en el intento que he hecho yo.
Para empezar, si no me equivoco es el curso de 3º F.P. II. Vamos a considerar cuatro filas de arriba a abajo. Por la izquierda, arriba hay dos que no están en ninguna fila ( el primero es Pascual y otro que es más bajo, pero no sé quien es) y en la segunda fila hay otro que está de pie y con las manos en la cabeza.
¿A qué es difícil?. Mira a ver si te logras identificar. Si no lo ves bien, pincha en la foto y se hace más grande y se ve más. Yo tengo identificados a casi todos, pero me falta gente.

martes, 7 de septiembre de 2010

Más excursión


















Son, como todos podéis observar, instantáneas de la famosa excursión fin de curso. En la del grupo, se siente la alegría que teníamos todos por estar disfrutando de un sueño casi imposible cuando surgió la idea. En la otra, sobran los comentarios, pero parece un plano de una película de Buñuel o una pincelada subrealista. Comentarlas...

Punto y seguido


Con el homenaje a Paco y Aguado, doy por terminado el relato personal de los acontecimientos que rodearon al 25º aniversario de nuestra titulación. Con mis comentarios y recuerdos de aquellos años no he pretendido otra cosa que desempolvar las vivencias acaecidas en la Uni y que todos tenemos guardados en algún recoveco de la memoria. Mi intención no ha sido molestar a nadie en los relatos y doy por hecho que ha sido así. Tengo un sinfín de anécdotas de aquel tiempo, que he ido recordando a medida que iba escribiéndolas, pero no todas pueden ser contadas sin el permiso de los protagonistas y otras las iré poniendo a medida que mi tiempo me lo permita.

Cuando empecé este blog, no sabía muy bien en lo que iría derivando y todavía sigo sin tenerlo claro, pero mi intención primigenia era que sirviera de vehículo de comunicación entre nosotros. En un principio había pensado en la página web, ya que no conocía este medio, pero ahora que le estoy cogiendo el tranquillo, pienso que es más dinámico y versátil porque permite una comunicación directa y prácticamente en tiempo real, aunque con los inconvenientes de estar muy limitado en cuanto a diseño y calidad de las imágenes, etc.
Por otra parte, soy yo el que hace las entradas y elijo los temas, cosa que me gustaría cambiar y para ello os invito a que seáis vosotros los que me mandéis entradas para que las publique en vuestro nombre; simplemente me mandáis vuestro texto a mi correo electrónico y las fotos que queráis y yo lo publico con vuestro nombre. Podéis elegir el correo del blog directamente (amton@orange.es) o el que ya deberíais tener en alguna parte (ajepas@yahoo.es).
También sé que somos pocos los seguidores de lo que aquí se expone y menos los que hacen comentarios, pero si alguien lee estas historias y encuentra algo interesante, sería bueno que lo hiciera saber a los demás para que sirviera de acicate y animara a más compañeros a intervenir y saber sus opiniones, sus recuerdos, si necesita algo de los demás, etc.

Para finalizar, encuentro que es complicado leerse todos las entradas o repasarlas para ver si alguien ha escrito algo nuevo, por lo que iré reescribiendo nuevas con los cambios que se vayan produciendo para no tener que ir a las más antiguas, lo mismo que la publicación de fotos.

Os recuerdo así mismo, que queda pendiente hacer una crónica de la reunión de 2007 y que intentaré hacer en cuanto pueda.

Un saludo a todos y ¡Viva la Octava!

jueves, 2 de septiembre de 2010

Hasta pronto






Como dice Ricardo, todos los que formamos parte de este grupo genuino, fuimos especiales y con cualquier integrante del mismo podíamos tomarnos una cerveza o lo que fuera sin problemas y hablar sobre la mayoría de los temas del momento y reírnos a gusto de las historias que nos pasaban en aquellos días.
El tiempo y la distancia, hacen que las amistades sean difíciles de mantener y nosotros tampoco somos los mismos, aunque en esencia seamos como los adolescentes de hace 25 años, ya que todos teníamos una personalidad bastante definida y aunque los años pasen, algo queda. Sin embargo aquellos tiempos sabemos que nunca volverán.
Estas reuniones que hemos hecho, creo que han servido para recordarnos que no solo compartimos años de estudios en unas circunstancias concretas, si no que, ocurrió algo indescriptible, mágico entre nosotros que hizo que hoy podamos hablar sobre ello.
Seguramente, cualquiera de las aventuras, anécdotas, vivencias y hechos ocurridas en cualquiera de los años cursados, tanto individuales como colectivos, servirían para que un guionista de Hollywood, hiciera una de esas típicas películas de universitarios o de institutos y serían un éxito de taquilla.

En una conversación mantenida este verano de 2010 con Julio en un bar de Zamora, me decía que se me veía muy afectado por lo que ocurrió en la Laboral en aquellos años. Es algo que ya había pensado en varias ocasiones y siempre he llegado a la misma conclusión: lo que viví en vuestra compañía ha sido único y sincero. Allí me asomé a una vida desconocida en muchos sentidos; ya tenía amigos en mi pueblo y eran buenos amigos; me sigo llevando bien con alguno de ellos, pero nunca llegué a tener la misma confianza que llegué a tener con los que hice en la Uni. No hice amigos en la mili, me pilló mayor y un poco de vuelta de lo que los reclutas de 18 años necesitaban o vivían en aquellos días y con los que eran de mi edad, no hubo sentimiento, aunque mantuve buenas relaciones. En los diferentes puestos de trabajo por los que he pasado, no he tenido problemas con ningún compañero y me he divertido, manteniendo con muchos una buena amistad, pero sin rebasar el terreno de lo íntimo. En la vida normal con otros amigos que va uno conociendo por razones de vecindad, familiar o cualquier otra forma, he llegado a un límite que me cuesta superar, cosa que con 14 ó 15 años, no me costó con mis amigos.
A todo esto, tengo que sumar que en aquella época, me enamoré de la que hoy es mi mujer y quizás, este sea el motivo por el que también recuerde aquellos días como los más felices de mi vida.

Todo este compañerismo, amistad, lealtad y fraternidad, fue compartida por todos o casi todos, pero cada uno de nosotros, traspasó una línea invisible con algunos de los compañeros. Una línea que, en mi caso al menos, no me ha sido fácil volver a cruzar en todos estos años y en tan diferentes ámbitos de la vida con el resto de las personas.

El homenaje que quiero rendir en esta entrada es para esos dos compañeros con los que nuestra amistad cruzó esa barrera imaginable y se convirtió en un sentimiento que es muy común entre los seres humanos y que todo el mundo trata de describir de una u otra forma. No voy a hacer un ensayo sobre la amistad, ni tampoco intentar definir lo que significa, porque cada uno la vive de una forma distinta, simplemente voy a dejar por escrito una pincelada de lo compartimos juntos.

Ellos son Aguado y Paco, Paco y Aguado. Lo que puedo decir públicamente en este foro, ellos ya lo saben porque lo hemos hablado en muchas ocasiones y aunque no lo hubiéramos hecho, cada uno de nosotros sabe lo que los demás piensa al respecto.
La vida nos ha puesto a los tres en lugares distintos y lejanos entre sí, pero siempre que podemos, hacemos lo posible por vernos y ver a las familias. El teléfono e internet hacen que nos comuniquemos asiduamente y no perdamos el contacto, cosa que no es fácil después de tantos años.

UN PASEO POR SANTA CLARA.

Aguado y yo, o mejor dicho, su familia y la mía, nos vemos a menudo.
Nos hicimos amigos en la Uni y aún lo seguimos siendo. En esta reunión tuvimos la ocasión de estar un rato juntos y eso ocurrió cuando coincidimos, después de dejar a nuestras esposas en casa para ir a tomar unas cervezas, en la confluencia de la Avenida Alfonso XII con Santa Clara y desde allí caminamos juntos al encuentro con el resto de los topos que ya estaban en el Motín. Como he dicho en alguna ocasión, hablamos de las cosas importantes, de nuestros hijos, de nuestros proyectos, de la vida y de lo que nos preocupa ahora. ¡ Qué diferencia de cuando íbamos por esa misma calle y lo que nos preocupaba era mirar debajo de los vestidos de las maniquíes para ver si llevaban bragas o escardar remolacha o jugar a "pared"!

Cuando fuimos estudiantes, compartimos no solo habitación y mucho tiempo juntos, también experiencias vitales de todo tipo. No creo que fuera coincidencia que nos pusieran a los amigos en las mismas habitaciones, seguramente esa forma de actuar de los directores de colegio, fue otra de las cosas buenas que hicieron con nosotros para que estuviéramos más a gusto y hacer de nuestro paso por la Laboral un grato recuerdo.
Tengo muchos recuerdos de aquellos años y tengo que decir que muchos de ellos, fueron protagonizados en compañía de Aguado.
Si antes he dicho que me enfadé con Isidro por abandonarnos tan pronto, cuando lo hizo Aguado, me sentí como si me faltara algo y sentí tristeza por dos motivos: uno, pensando de forma egoísta; me quedaba sin uno de mis mejores amigos y el otro, porque el era el más perjudicado en su decisión, que no hubo forma de convencerlo para que estudiara en el verano y recuperara en septiembre como tuvimos que hacer los demás. Me consuelo pensando que a día de hoy sigue estando con el mismo espíritu de entonces y contar entre mis mejores amigos.

Podría recordar cientos de momentos de toda índole, pero con Manolo, voy a tocar un tema que me hace rememorar mis primeros tiempos de noviazgo con la que ahora es mi mujer y que mis amigos estuvieron en la gestación de nuestros primeros momentos de empezar a salir, etc.

En aquella época (1º de F.P.II), mi novia trabajaba en Reglero (la fábrica de dulces y galletas) y siempre me las arreglaba para que alguno de mis compañeros de habitación, me acompañara hasta la puerta de la fábrica para ir a esperarla cuando salía de trabajar. No iba todos los días, pero uno o dos por semana, si que lo hacía. Tenía que convencerlos de alguna manera para que fueran conmigo y ésta consistía en invitarles a un pastel de "La Gobierna", que entonces estaba al lado del Gobierno Militar. ¡Vaya amigos!: Almendrados de veinte duros y merengues de 60 pesetas, eran sus preferidos ¡Qué ruina con ellos! Y lo peor era que desde allí mismo se me daban la vuelta la mayoría de las veces.
Un día no fui a esperarla y tampoco estuve en compañía de los dos mequetrefes y cuando me los encuentro, que ellos si se habían ido por ahí, ya entrada la tarde, cada uno tenía un paquete de "colombianos", que si recordáis, eran unos barquillos de coco que se hacían en Reglero y que estaban muy buenos. Yo me mosqueé extrañado porque esa operación, nunca la habían hecho antes, entre otras cosas, porque no tenían dinero...como todos. Ese exceso a mitad de semana no era normal y se me ocurrió preguntar el motivo. Ellos, ya compinchados, respondieron que se las había dado Juli, que como yo no había ido a buscarla, se encontró con ellos y se las dio a ellos y que no me dieran.
Eso me enfadó mucho, no sé si con Juli o con ellos por no darme ni un solo colombiano. Se pusieron mano a mano, cada uno con un paquete y no fueron capaces de darme ni uno solo, mirándome con desafío y socarronería. Mi cabreo fue en aumento, en la misma proporción en que los dos amigos se divertían con mi estupefacción. No lo pude soportar y después de insistir unas cuantas veces me retiré abatido y con síntomas de evidente desamor que pagaría mi novia al día siguiente (entonces, esas cosas las medíamos así).
Cuando volví, ya más calmado y a la hora de la cena, les dije que si nos bajábamos a cenar y casi sin hablar, tumbados cada uno en una cama, como si acabaran de salir de una orgía romana, con una barriga a punto de estallar, me dijeron que hoy disculpaban la cena. Estaban para reventar los tíos. Se habían comido los colombianos de uno en uno hasta no dejar ni las migajas y no sé si fue por hambre o porque no me comiera ninguno. No creo que pasaran una buena noche y creo que no fueron capaces de desayunar al día siguiente. Ahora que yo tampoco dormí, pensando en la traición que me había hecho mi novia y mis dos mejores amigos.

Hasta pronto Aguadejo. Un abrazo.

VIAJES DE IDA Y VUELTA

Este espacio lo reservo para el otro compañero de habitación: Paco.
Con él tuve la suerte de tener más tiempo para compartir, ya que seguimos siendo compañeros de habitación en 3º (recordad la habitación "El polo norte", justo al lado de la huevería), nos aventuramos a hacer C.O.U. en el mismo curso, junto a más compañeros topos y de los mejores, que esta época también daría para otra película. Todos los acontecimientos que nos han ido pasando en la vida, hemos tenido fortuna de compartirlos, bueno, no quiero seguir con esto que me emociono.

Para esta reunión, volvimos a compartir viaje de ida y vuelta Zamora-Madrid y ello nos permitió tener unas cuantas horas para ponernos al día en muchas cosas que se quedan en el tintero cuando hablamos por teléfono. Lo mismo que con Aguado, cuando hablamos, parece que estuviéramos tumbados en nuestras camas de la Uni, con la mirada fija en el techo de la habitación y contándonos confidencias que solo a ellos se les pueden contar, como hacíamos con 16 ó 17 años.
Paco sigue teniendo ese humor tan suyo, que aunque no quieras te tienes que reir. Puedo asegurar que es una de las personas que te puede hacer reir a carcajadas durante días enteros y decirle que pare porque te duelen las mandíbulas y eso aunque los condicionantes de la vida no sean siempre los más positivos. ¡Que mmmajjjo!

Rara es la anécdota o aventura que viviera en la Uni, en la que no estuviera Paco, con lo que puedo contar una por día si me acordara de todas.
Mi intención es esa, ir contando cosas en este blog de lo que hacíamos un poco todos y hacer una especie de diario de La Octava, con varios puntos de vista, incluso del mismo acontecimiento. Por mi parte lo voy a intentar, pero sé que no todos pueden, quieren o le apetece. De momento, voy a contar algo de lo que mi amigo solía hacer sin la mayor importancia y como ejemplo de su personalidad.

Estábamos en el último curso y no sé a qué altura del mismo, pero nos enviaron a un nuevo educador y tampoco sé el motivo: Durán.
No sé si lo recodáis; un tío muy majo, que tuvo la mala suerte de que un vespino se lo llevara por delante y le quitara unos cuantos dientes. Me lo encontré en Salamanca una vez, cuando estudiaba biología y estuve tomando unas cañas con él y me dijo que fuimos un curso estupendo, que se divirtió mucho con nosotros y que en cierta manera nos envidiaba cómo éramos.

Paco y yo éramos unos dormilones compulsivos y tengo que reconocer que la culpa la tenía yo, que me gustaba acostarme pronto y eso, con el tiempo se contagia y debe ser cierto que entre más duermes más quieres. Nos deprimíamos al ir por las habitaciones y ver a algunos estudiar o copiar dibujos del Mauro con las hojas de las ventanas (al final, nos tocaba hacerlo a nosotros y en el último momento), otros escuchaban música, otros cerraban la habitación por dentro y huían de nosotros como de la peste, si podían. En la habitación donde éramos bien recibidos era en la de Chin y Julio, pero también nos terminaban echando a almohadazos o como pudieran. No nos quedaba otra alternativa que retirarnos vencidos a nuestros dominios, que eran fríos de cojones en invierno y pertrecharnos con 5 ó 6 mantas para meternos en la cama (cada uno en la suya, que nadie se equivoque, que Paco es muy hombre, tiene 3 hermosas niñas y yo un niño y siempre nos respetamos mutuamente) y hablábamos hasta que nos dedicábamos un tímido "hasta mañana", si no nos dormíamos antes.
¡Qué poco estudiábamos! Un día de esos, al final de curso, en los que todos estudiabais como locos para los exámenes finales, nos dignamos ir a la habitación y bajar de las estanterías de las mesas los libros de matemáticas y dejarlos abiertos con el flexo encendido. En esto, que llega Manuel Rodrigo, el director de colegio y nos pilló de esa guisa. Aquel fue el día en que la suerte nos sonrió por primera vez en toda la historia de nuestros estudios. Desde ese día, el cuerpo educativo nos miró con condescendencia y si encuentro la carta que les mandó a mis padres, al final del curso, la publicaré, pero es de las que me hacen el culo gaseosa.

Ya hacía tiempo que alguien había mangado el equipo de música que utilizaban para despertarnos y la nueva forma de hacerlo, era que los educadores, muy dignos ellos, recorrían los pasillos de los dormitorios dando voces y tocando las palmas para despertarnos. En nuestro caso, esperábamos al ultimísimo momento para levantarnos, coger los libros y de camino ir al baño a mear y lavarnos la cara o los ojos, dependiendo de la época del año. Recordad que estábamos al final del pasillo y no era cuestión de malgastar energías por la mañana luego, de ir a lavarte y volver a buscar los libros.
El primer día de educador de Durán, en vez de solo dar las palmas y las voces, se le ocurrió dar con los nudillos en las puertas de las habitaciones que no daban señales de vida, entre las que se encontraba la nuestra.
Paco, ante la insistencia de nuestro querido educador, termina por despertarse y con gesto contrariado, se levanta de la cama con el pelo revuelto, ojos hinchados, dedos de los pies levantados para intentar no tocar el gélido suelo, abre la puerta y le espeta a Durán en voz baja: "hombre, no des esos golpes tan fuertes que nos vas a despertar" y vuelve a cerrar la puerta. Yo le digo "bien hecho" y nos volvimos a la cama.
No vimos la cara de Durán, pero pasaron al menos 30 ó 40 segundos hasta que volvió a llamar, esta vez más tímidamente. Paco se volvió a levantar y a abrir la puerta, para encontrarse al educador con gesto de paciencia infinita, las manos entrelazadas a la altura de la entrepierna y repiqueteando con la punta de su zapato en el terrazo. "No me toquéis los cojones el primer día y os quiero ver levantados ya".
Ese día le hicimos caso, pero al poco tiempo, volvimos a nuestra rutina, tan solo superada, en cuanto a lo de levantarse, por nuestro delegado.

Paquirriquiconico, espero verte pronto, hasta entonces, un abrazo.




miércoles, 1 de septiembre de 2010

Estoy de vuelta




Se han acabado mis intermitentes vacaciones y ahora amenazo con seguir escribiendo en el blog. Todavía quedan algunos compañeros sin su particular recuerdo por mi parte y los comentarios de los topos que de vez en cuando hacen acto de aparición por este lugar y que agradezco muy efusivamente porque eso me hace sentir que hay vida ahí detrás.
Para empezar este nuevo curso dejo unas fotos que tengo por aqui.

sábado, 21 de agosto de 2010

Más fotos del 25º aniversario

En una de estas fotos se ve a Paco explicando a Manuel Ángel para que sirve la máquina en cuestión, en otra a dos grandes amigos posando con gesto de orgullo por haber pisado de nuevo los talleres, donde tantas cosas aprendimos y la otra a Chin relatando cómo Julio "Indioz" hizo posible que se pudiera comprobar la dureza de la máquina en vez de la probeta del material a analizar.



jueves, 19 de agosto de 2010

La despedida




Nos fuimos marchando del bar en, al menos dos grupos; del primero, que era el más numeroso, no nos despedimos los que nos quedamos atrás y no sé donde acabarían la noche (bueno, ahora ya sé lo que ocurrió por la conversación mantenida con Julio alrededor de unas cañas en vacaciones de agosto en el Cambalache zamorano). Los buscamos en algún "bareto", pero sin éxito. Aprovecho aquí la ocasión para despedirme de todos y también en nombre de los que nos quedamos rezagados. En este grupo se encontraban dos compañeros de los que aún no he hablado y que es en esta entrada, donde les voy a dejar mi homenaje personal: Danta y Mariano.

Compartieron, como en los viejos tiempos muchos momentos juntos, ya que hicieron el largo viaje de ida y vuelta en compañía desde tierras catalanas, se alojaron en el piso que buscó Julio con más compañeros y también en el pueblo de Mariano.

Formaban parte, junto a un grupo muy reducido de los internos de más de 200 Km y esta circunstancia les marcó en su vida universitaria, pues si alguien puede decir lo que significa el compañerismo, la amistad, compartir, la soledad, una segunda familia, son ellos y estas palabras quiero que sirvan para mostrar mi admiración para todos ellos, que pasaban tan largas temporadas fuera de casa, pues sólo iban en ocasiones especiales, como Navidad, puentes largos y semana santa (excepto cuando nos mandaron una semana a todos en F.P.I porque decían que teníamos piojos, pero que sospechábamos que fue porque no tenían dinero para la calefacción y así, cerraron la Uni entera una semanita). Hicieron una vida completamente distinta a la mayoría de nosotros, que nos íbamos a casa casi todos los fines de semana, o todos. Y que decir de los externos, que lo hacían todos los días. Ellos fueron los internos de verdad y ello les exigió dar lo mejor de sí mismos, creando entre ellos un vínculo de amistad muy fuerte, que todavía conservan.
En alguna ocasión hemos dicho que nuestros compañeros eran como nuestra segunda familia, bien, pues en el caso de estos amigos, esto no es un eufemismo, ya que fueron una familia durante, al menos cinco años. Para ellos nuestro reconocimiento y admiración: Julio D., Iluminado, Mariano, Danta, Mayo, Angel H., Gochy, César, Vara y para los que se fueron quedando por el camino, que éstos, seguramente recuerden mejor que yo.

En la encrucijada del las calles San Andrés y Ramos Carrión, nos despedimos parte del segundo grupo, que espero volver a ver, al menos en el 50º aniversario.

Empiezo con el recuerdo para Danta.

En tu caso, como en el alguno más que están lejos, sé que te cuesta venir y por eso agradecemos tu esfuerzo. Nunca pensé que volverías a Zamora y en tres años has venido dos veces. Nos ha encantado tenerte entre nosotros y que sepas de nuestro aprecio.

Mi homenaje va a ir orientado en rememorar una anécdota que te ocurrió y que por la relación que ahora tiene con mi profesión, me he acordado y me he vuelto a reír porque no hace mucho que me ocurrió en el desempeño de mi actividad diaria.
Corría el último año de F.P.II y los internos de más de 200, aprovechasteis una oferta de una auto-escuela para sacaros el permiso de conducir.
Lo que voy a contar es lo que tú compañero de examen nos contó a nosotros una vez que ya os habíais examinado.
Hiciste la prueba de conducir en el coche de la auto-escuela y cuando el examinador dio por terminado el examen, te mandó inmovilizar el vehículo y te dijo:
"Ha terminado la prueba, ya se puede poner detrás". Y en vez de bajarte del coche por la puerta, te metiste de cabeza entre los asientos delanteros, para acabar incrustado entre el examinador y tu compañero de examen, que era Julio D.
Tuvo que ser un espectáculo porque eso mismo lo he visto hacer yo y cuando ocurrió no me pude por menos que reírme en alto, pero no lo hacía por el pobre alumno que estaba examinando, me reía al recordar lo que tu compañero nos había contado sobre como lo habías hecho tú, ya que te veía a ti hace 25 años.
Creo que lo mejor es que te dieron el carné de conducir de todas formas.

Un abrazo.

Ahora llega el turno para Mariano:

Digo lo mismo con respecto al esfuerzo y la lejanía, aunque en tu caso, es más fácil verte por aquí, pues Candelario no está tan lejos y dejaste muchos amigos en Zamora.

Siempre te recuerdo practicando algún tipo de deporte y puedo decir que todos con una pulcritud y técnica envidiables; desde trial al fútbol, pasando por el fútbol 7, ping-pong, etc. Jugaste el partido contra el Zamora en 3º, aunque no nos fue muy bien, pero nos divertimos mucho. También estabas en el equipo de la Laboral (ya publicaré un día de estos la fotografía del equipo). También practicabas el ciclismo los fines de semana con los internos y recuerdo ver fotos tuyas y recuerdo ver las fotos subido en una moto de trial por los montes de tu pueblo.

Me gustaría recordar la anécdota que el grupo de internos de más de 200, junto con los de más de 80, protagonizasteis con un vespino abandonado o que tomasteis prestado, haciendo carreras entre los setos del patio de la Laboral. Como yo no estaba presente, solo me han llegado las informaciones que los implicados me hicieron llegar en su día, por eso os quiero retar a los implicados, para que seáis vosotros los que contéis los hechos acontecidos.
Lo único que sé es que el vespino lo cogisteis de la calle y os lo llevasteis al patio de la Uni y allí os turnabais para dar vueltas con él y que alguno se dio algún que otro piñazo.

Como ya dije en otra entrada del blog, recuerdo que compartimos los primeros momentos en la habitación de 1º de F.P.I , cuando éramos 10 ó 12 y tengo en la memoria imágenes borrosas de aquellos años, pero si que me acuerdo de tu particular manera de lavarte los dientes, echando agua a la pasta de dientes cuando la echabas en el cepillo antes de lavártelos.
Allí nos conocimos y hubo buenos sentimientos desde el principio, ayudándonos siempre que podíamos.

Gracias Mariano por todo; por venir, por tu colaboración, por tu implicación y ser un buen compañero y amigo de tus amigos.