sábado, 13 de abril de 2013

Parque del Capricho

Hoy es el primer día que los habitantes de Madrid hemos salido en tropel a disfrutar de un día de primavera. Estoy en un parque precioso que tenéis que visitar si os pasais por la capital.

miércoles, 10 de abril de 2013

Nuevas tecnologías


Esta es una prueba que tiene el único propósito de probar las nuevas tecnologías al servicio del blog. Esta entrada la estoy haciendo desde la calle Alcalá, a la altura del antiguo banco Banesto. Es posible que haya algún defecto de edición. Si esto funciona, os podéis preparar.

miércoles, 3 de abril de 2013

Días de agua y poca pasión

Como comenté en una entrada anterior, estuve en Zamora esta Semana Santa, pero no hubo encuentro programado con ningún topo. Lo que si puedo decir es que vi unos instantes a Félix (Mosca), que estaba en frente de mí en un desfile procesional (raro). También vi a Castaño en el flujo multicolor de gente pasando en sentido contrario y al que no me dio tiempo a detener porque ambos iríamos con prisas. A Aguado lo vi esperando otro desfile en la Plaza Mayor, pero estaba con su familia un poco ocupado y solo nos dio tiempo a saludarnos y preguntarnos ¿Qué tal?


Espero que en próximas oportunidades tengamos más éxito.

martes, 2 de abril de 2013

AirQuillinos por Chin



AirQuillinos.
Así debería llamarse nuestra compañía aérea de bandera,  si en su día,   hubiésemos alcanzado el status de República Independiente;  pero con esta crisis económica  de ahora,  y la demográfica  de toda la vida,  me temo que andar buscando financiación para las obras de nuestro Aeropuerto Internacional, sería  hacer el bobo.  
Ya conocéis mi incorporación al mundo laboral, en 1991. En un post de hace tiempo se describe con pelos y señales.   En la base Rosinos  había entonces dos avionetas DROMADER PZL de fabricación polaca. Eran, por así decirlo, los Barreiros del cielo. Amén del piloto, podían llevar un pasajero, que iba de espaldas con  él, es decir, mirando para atrás. No estaba yo acostumbrado a mandar,  así que cuando me di cuenta de que tenía tal potestad,  empecé a ejercer,  y a dilapidar el dinero de los contribuyentes. La primera vez que subí a bordo, fue en un vuelo de reconocimiento que programé tras 2 ó 3 días sin fuegos. Más tarde a lo largo de la campaña, volé junto a Paco Serra, uno de los pilotos,  en no menos de 25 ó 30 intervenciones reales;  No nos estaba permitido hacerlo, pero yo volé siempre que pude.  Volar un PZL era como una montaña rusa;  sin referencias fijas, puesto que vas por el aire, el movimiento lo notas en las vísceras, que por la inercia se te van para todos los lados. Lo mejor, cuando el piloto suelta el agua y, con el motor acelerado a tope, el avión, al verse liberado del sobrepeso, sale disparado hacia arriba, casi en vertical. Los cojoncicos se te bajan a los pies.  
 
La campaña de incendios de 1994, la hice en el aeropuerto de San Javier,  en Murcia. Allí tenía dos hidroaviones de la segunda guerra mundial (en serio) ; eran dos CANSO PBY, los populares CATALINAS  unos bichos de  30 metros de envergadura.


                       
 A los mandos de las dos aeronaves, había sendos capitanes, uno escocés y otro canadiense, que son los tipos más serios y profesionales que nunca he conocido. Explicándole la fiesta de los toros, hice buenas migas con el primero. No hablaba ni una palabra de castellano,  por lo que tuve que esforzarme en poner en práctica todo el inglés mal aprendido a lo largo de mi vida académica. Probablemente progresé más aquel verano,  que en los 9 cursos en los que estudié esa endiablada lengua de los británicos.

El día 13 de septiembre,   la campaña tocaba a su fin y  yo cumplía 28 años. Como sobraban horas, programamos una  salida, y el escocés me invitó a que los acompañara. Amerizamos para cargar (era obligatorio volar cargados de agua por si llamaban para un servicio en pleno vuelo) y salimos paralelos a la costa; cuando la aeronave se estabilizó, el capitán se quitó los cascos y me dejó su sitio  junto a su  segundo, David. Este, a través del canal interno, como en las pelis, me explicó lo de los flaps, (parriba y pabajo), lo del timón de cola, (pa un lao y pa otro) y los pedales de compensación,  que sirven para mantener el rumbo con viento de costado. Cuando sobrevolábamos   la costa de San Pedro del Pinatar, David me soltó y me permitió,  durante unos minutos,  tomar el mando;  una de las experiencias más emocionantes, y, sin duda, el mejor regalo de cumpleaños  que he tenido nunca. Al  principio, para creérmelo, estuve usando el mando como cuando era un rapaz,  y mi padre me dejaba el Simca  1200, al que  instintivamente (todo el mundo lo hace), movías el volante para comprobar que eras tu quien conducía;   yo tiraba de flaps, y giraba el timón de cola para notar el movimiento del bicho, que, como en el Dromader,  tenía su eco en las vísceras. A partir de ese día, y durante un tiempo, me hubiese gustado ser piloto, pero ya estaba demasiado gordo. En la otra vida será,  como el  Airquillinos International  Airport.

lunes, 25 de marzo de 2013

Unos días en Zamora

Esta Semana Santa no será igual que otras para mí, ya que no dispongo de tantos días como en años anteriores, por lo que estaré en Zamora desde el miércoles y sólo hasta el domingo. 
Si alguien quiere quedar para pasar un rato en compañía de los viejos amigos, que se vaya animando a poner algún comentario o se lo vaya diciendo a los topos con los que tenga contacto y si hay voluntad...pues eso. Nos vemos.

lunes, 18 de marzo de 2013

FWD (Four Wheel Drive) Por Chin




Resulta que esta tarde he ido a ver  una plantación de pino piñonero que yo hice en el año 2000, en Villamor de los Escuderos; Villamor, es un pueblo de transición entre  la Tierra del Vino, y la comarca de Toro-Guareña. La tradición vinatera de este y otros pueblos de la mitad sur provincial, se  delata con la presencia de bodegas  bajo las casas. Pocas casas hay, incluso de las modernas, que no tengan una bodega debajo. Este tipo de bodegas suelen tener una bajada muy abrupta debido al escaso espacio longitudinal en el que se desciende. Las incómodas escaleras,  dificultan en gran medida la bajada; si se trata de subir,  una vez que has probado todos los vinos, blancos, tintos y claretes, de  las 5 ó 6 últimas cosechas, la tarea se presenta francamente complicada. Estos caldos caseros,  tienen la virtud (o el defecto), dependiendo de las causas por las que te entregas al bebercio, de anestesiar completamente el sistema nervioso periférico, dejando  casi intacto el sistema nervioso central, de modo que aunque tus miembros no obedecen las ordenes de tu cerebro, eres plenamente consciente de todo,  incluso de estar  borracho,  lo cual puede parecer una incoherencia.  Lo cierto es que aunque quieres moverte, no puedes; el único movimiento posible es seguir empinando el codo. 
Esa sana y española costumbre  de que cualquier  negocio se termina de rubricar en el bar de la esquina,  tiene su versión aquí, en la única Tierra del Vino del mundo, donde el lugar para el sellado de los tratos verbales  es la bodega.
 Una calurosa mañana de septiembre, de 1997, recuerdo que era domingo, me acerqué a Villamor a ver unas fincas de un famoso otorrino de Salamanca que me había contactado unos días antes para sopesar la posibilidad de  plantarlas de árboles,  en el marco del programa regional de forestación de tierras agrarias.  El tipo apareció acompañado del rentero que le atendía las tierras y de un par de sujetos que decían ser primos suyos.  Muchos paseos por las fincas dimos, y  mucho tuve que  darle a la singüeso  para convencerlo;  después de apalabrar los términos del contrato, y, a instancias de Pepe, el rentero, fuimos a celebrarlo a su bodega. ¡vamos a echar una pinta a la bodega! – dijo con gran alborozo- …. y las pintas resultaron ser vasos de nocilla llenos de vino. Yo que me conozco la copla, esperé a que el ama bajase las viandas;  así que hasta que apareció el chorizo,  y a pesar de la sed, me contuve.  ¡Prueba este! - le decía Pepe a los primos del  jefe- , y estos,  presos del ansia viva, se bebían las pintas de un trago. Uno de ellos,  no llegó al chorizo. No habían pasado ni veinte minutos, y hubo que sacarlo como a un saco de patatas;  (en las bodegas siempre hay una temperatura de unos 12ºC, por lo que si te quedas quieto,  te entra frío;  por eso es preciso evacuar a los que pierden el timón). Como yo era el más joven de los 5,  me toco el cuadro. Dejé al tipo a la sombra  de un árbol, totalmente ebrio, y,  cuando volví pabajo, ya estaban todos mis compinches zampando chorizo a dos carrillos.

Me enganché a la molienda,  y a la media hora, tuve que sacar al otro primo, lo que me permitió comprobar, además,  que el 1º estaba en la misma posición en la que yo lo había dejado. Reconozco que comí más que bebí, aunque ambos guarismos fueron un disparate,  pero lo que me traía de cabeza , era  que dos tipos, sesentones, fueran a aguantar más charrasca que yo, que por cierto, entonces estaba en plena forma. Estábamos los tres hablando ya de más,  cuando me di cuenta de que mantener la verticalidad era tarea complicada. Alguien dijo de ir a tomar café al bar y empezaron a desfilar delante de mi.
 
Cuando me puse a subir las escaleras,  lo hacía como un camaleón. Dos parriba, una pabajo, una parriba, dos  pabajo….. Como no avanzaba, decidí salir a gatas, y Pepe, el rentero, que me esperaba en la embocadura para cerrar, cuando me vio de esa guisa , soltó una carcajada y dijo:  ¡has tenido que poner la doble tracción pa subir! 

jueves, 7 de marzo de 2013

Tendencia profesional

Algunas veces estoy tentado de contar episodios de mi vida profesional y os aseguro que habría para cubrir casi uno a diario de los días laborables, pero creo que este no es el lugar apropiado, o por lo menos el momento adecuado y mejor lo dejaré para otro momento o para cuando estemos viéndonos en persona, pero no me puedo abstraer de lo que voy viendo por esas calles de Dios y cuando tengo una oportunidad de tomar nota o sacar una foto, voy haciendo un albúm de curiosidades. Dejo esta señal tan particular y genuina de nuestros abnegados trabajadores de las vías urbanas.